
Alejandro Zaera - Ya Bien Entrado el Siglo XXI ¿Las Arquitecturas del Post-Capitalismo?
Introducción.
Mucho ha cambiado desde entonces: en 1998, El Croquis era el medio de expresión por excelencia del modelo de una práctica arquitectónica global que había consolidado el sistema de los arquitectos-estrella. Vale la pena recordar lo que estaba ocurriendo en paralelo a mayor escala: la Federación Rusa llevaba en decadencia una década; el escándalo Clinton-Lewinski acababa de estallar después de la exitosa incursión del Presidente Clinton en el fundamentalismo del mercado; la moneda del euro estaba en proceso de producción; China se había incorporado efectivamente al capitalismo, y la burbuja dot-com estaba a punto de explotar.
Fast-forward al 2015: Dezeen (287.000 visitas diarias), Archdaily (132.000 visitas diarias) y otros editores en línea han capturado la audiencia y mermado la tirada de ejemplares de todas las publicaciones impresas —cuyas cuotas de ventas raramente superaron en los mejores casos los 30.000 ejemplares—. La Unión Europea se está resquebrajando; Putin ha convertido Rusia en una dictadura; el autodenominado Estado Islámico controla amplias extensiones de Siria e Irak, y China ha superado a los EE.UU. como motor económico del mundo. Algunos piensan que se ha iniciado el final del capitalismo y estamos entrando en la era postcapitalista.2 La visión de túnel que apoyó el fundamentalismo neoliberal del mercado, la globalización, etc., ha desembocado en un horizonte plano, sin orientación: hemos sido arrojados de nuevo a la historia después de pensar que ésta había llegado a su fin; aunque algunos creen que estamos en la era del 'presente extremo', donde la 'de-narración' se ha adueñado de nuestra forma de vida colectiva.3 A pesar de que el star-system de la arquitectura sobrevive, es criticado constantemente, y no ha sido capaz de reproducirse a sí mismo eficazmente. El predominio de la máquina global, tecno-empresarial, ha terminado.
Ni los editores de El Croquis ni yo estamos particularmente satisfechos por el giro de los acontecimientos, probablemente por diferentes razones: ellos lamentan la muerte del canon y la conciencia humanística; y yo, la muerte de los mercados y la interrupción de nuestro placentero viaje a la posthumanidad. Pero éste es el estado de las cosas. El presente ensayo es un mero intento de analizar la situación, y aspira a intentar encontrar el lado positivo de lo que, de otro modo, experimentamos como una pérdida irreparable.
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Introducción.
Mucho ha cambiado desde entonces: en 1998, El Croquis era el medio de expresión por excelencia del modelo de una práctica arquitectónica global que había consolidado el sistema de los arquitectos-estrella. Vale la pena recordar lo que estaba ocurriendo en paralelo a mayor escala: la Federación Rusa llevaba en decadencia una década; el escándalo Clinton-Lewinski acababa de estallar después de la exitosa incursión del Presidente Clinton en el fundamentalismo del mercado; la moneda del euro estaba en proceso de producción; China se había incorporado efectivamente al capitalismo, y la burbuja dot-com estaba a punto de explotar.
Fast-forward al 2015: Dezeen (287.000 visitas diarias), Archdaily (132.000 visitas diarias) y otros editores en línea han capturado la audiencia y mermado la tirada de ejemplares de todas las publicaciones impresas —cuyas cuotas de ventas raramente superaron en los mejores casos los 30.000 ejemplares—. La Unión Europea se está resquebrajando; Putin ha convertido Rusia en una dictadura; el autodenominado Estado Islámico controla amplias extensiones de Siria e Irak, y China ha superado a los EE.UU. como motor económico del mundo. Algunos piensan que se ha iniciado el final del capitalismo y estamos entrando en la era postcapitalista.2 La visión de túnel que apoyó el fundamentalismo neoliberal del mercado, la globalización, etc., ha desembocado en un horizonte plano, sin orientación: hemos sido arrojados de nuevo a la historia después de pensar que ésta había llegado a su fin; aunque algunos creen que estamos en la era del 'presente extremo', donde la 'de-narración' se ha adueñado de nuestra forma de vida colectiva.3 A pesar de que el star-system de la arquitectura sobrevive, es criticado constantemente, y no ha sido capaz de reproducirse a sí mismo eficazmente. El predominio de la máquina global, tecno-empresarial, ha terminado.
Ni los editores de El Croquis ni yo estamos particularmente satisfechos por el giro de los acontecimientos, probablemente por diferentes razones: ellos lamentan la muerte del canon y la conciencia humanística; y yo, la muerte de los mercados y la interrupción de nuestro placentero viaje a la posthumanidad. Pero éste es el estado de las cosas. El presente ensayo es un mero intento de analizar la situación, y aspira a intentar encontrar el lado positivo de lo que, de otro modo, experimentamos como una pérdida irreparable.


















